Aproximación al VAP-UC y su marco teórico

Qué significa Valor Agregado Periodístico y cómo se sostiene el concepto

Nuestra búsqueda de indicadores para la calidad periodística se enmarca en un concepto de calidad que hemos llamado Valor Agregado Periodístico (VAP), como una forma de concretar el esquivo concepto de calidad en un constructo operacionalizable. El VAP se entiende como la capacidad que tiene el periodista de entregar, y sobre todo de procesar, información, seleccionando y priorizando lo que es noticia, las fuentes involucradas en el hecho y otorgándole a cada uno el espacio que le corresponde. Y luego elaborar el mensaje que se difundirá, de manera comprensible y atractiva para el público, contextualizándolo, profundizándolo y dándole el enfoque adecuado. En ese sentido el VAP se entiende como un plus que los periodistas deben aportar al proceso informativo (Equipo Escuela de Periodismo UC, 2001, pág. 116).

Este rol de los periodistas de procesar información, jerarquizarla adecuadamente y contextualizarla es fundamental si uno revisa la bibliografía sobre efectos de la comunicación de masas. Ya Walter Lippmann (1922) llamó la atención de que en una sociedad moderna nadie, ni los periodistas, están capacitados para acceder directamente, sin mediación, a toda la información que le es útil para tomar decisiones en el contexto social. En este sentido la gran mayoría de la información que el ciudadano necesita requiere de mediación, fundamentalmente por los medios de comunicación de masas. Son ellos los que seleccionan, procesan, ordenan y emiten la información a la que finalmente la gran mayoría de las personas tendrá acceso. Y más allá del rol activo que pueda tener el receptor para decir a qué mensajes se expondrá, la investigación sobre los efectos de los medios ha determinado que ellos no sólo juegan el rol decisivo en el establecimiento de la agenda de temas que el público considera como los más importantes1, sino que también en la transmisión de los aspectos y características (atributos) de dichos temas, los que sirven de orientación al público cuando éste reflexiona sobre ellos. En estas circunstancias, que han sido definidas como el segundo nivel del proceso de Agenda Setting (López-Escobar, McCombs y Rey, 1996), es que el mismo McCombs reflexiona en que los medios no sólo nos dicen sobre qué pensar, sino cómo y qué pensar sobre ello, e incluso podrían decirnos qué hacer. (McCombs, 2000, pág. 135). De aquí se deduce una gran responsabilidad de los medios frente a su público (cita de Schönbach, 1991, pág. 101) que hace aún más urgente trabajar sobre los estándares profesionales para el cumplimiento de su rol social.

 

Marco teórico

Concretamente, y siguiendo lo propuesto por Lemert (1989, pág. 11) buscamos utilizar técnicas de las ciencias sociales (fundamentalmente análisis de contenido) para evaluar y juzgar la acción de los medios. En especial asumimos lo planteado por McQuail, quien escoge como perspectiva de su trabajo un "híbrido" que surge de asumir la tradición de las escuelas que trabajan en torno a la responsabilidad social de los medios y a la de la crítica empirista rendimiento. (McQuail, 1998, pág. 44)2

Esto significa dejar de lado dos de las cuatro perspectivas de crítica a los medios descritas por Lemert: la marxista y la de los estudios culturales. Aunque no se puede afirmar que las dos perspectivas excluidas no incluyan instrumentos de las ciencias sociales, la orientación y objetivos de ambas escuelas difieren de la que asumimos aquí. Mientras los estudios marxistas o culturales se concentran sobre los efectos negativos o no buscados de la comunicación, nuestro esfuerzo se concentra en evaluar y juzgar el trabajo periodístico desde la perspectiva del cumplimiento de estándares profesionales. Sin embargo, los resultados pueden dar pie a apoyar o negar afirmaciones de dichas escuelas, por ejemplo, respecto de la concentración o diversidad de fuentes relevantes o acerca de la falta de perspectivas diversas de la pauta noticiosa. (v.g. Alessandri, Edwards y Porath, 1999).

Claramente nuestro estudio no es una investigación sobre efectos de la comunicación. Este es también otra precisión respecto del alcance del estudio propuesto aquí, pues los estudios de efectos implican estudiar, además del análisis de contenidos de los medios, cómo ellos afectan al público. (Para un catálogo de los paradigmas de estudios de efectos. (Salwen y Stacks, 1996). Pero en ese sentido el Proyecto VAP también puede ser complementario a dicha perspectiva de investigación, al dar luces sobre características de los mensajes entregados por los medios.

El punto central aquí es que los esquemas desarrollados para medir calidad o bien se centran en aspectos específicos del problema, como lo hace Hagen, o son como la obra de McQuail, marcos generales para el análisis, dejando un amplio margen para la interpretación. (McQuail, 1998, pág. 124). Esta limitación, sin embargo, es una oportunidad y un desafío para nuestra investigación: encontrar mecanismos de medición apropiados para evaluar la calidad del trabajo del periodismo a partir de un concepto de calidad periodística fundado en patrones de conducta generalmente aceptados.

Finalmente, una última precisión respecto de los alcances de nuestra línea de investigación. Ésta se centra en analizar la labor informativa de los medios, descartando la evaluación de otras funciones asociadas como entretener, distraer o educar, y las labores de difusión no periodística, como la publicidad.

 

Notas

1. Son más de 200 los estudios que confirman esta hipótesis (cfr. Dearing y Rogers, 1996)

2. Para la escuela de la responsabilidad social véase Siebert et al. (1956) y McQuail (1991). Para la empirista, Lemert (1989) págs. 26-33. Esta escuela se dedicaba en un comienzo a medir, sin mayores precisiones teóricas, en qué medida los medios informaban neutral y equilibradamente sobre las distintas posiciones, temas o grupos sociales. Su actual desarrollo se centra en los estudio de News-Bias. (cfr. Davis,1990, págs. 154-156).

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