Cultura, periodismo y regiones

Intervención en las IX Jornadas Nacionales de Cultura. Universidad de Tarapacá, Arica, 30 de octubre de 1984

¡Con cuánta dificultad, sorteando mútiples escollos, corría el chasqui del imperio inca llevando las noticias de tambo en tambo! Y más tarde, ¡cuántos meses demoraría el Rey de España en llegar con sus instrucciones y sus órdenes hasta los funcionarios imperiales que debían acatarlas y cumplirlas en los confines del continente!

Las comunicaciones no eran muy expeditas por aquellas épocas. Todo lo cual acarreaba consigo grandes obstáculos para mantener viva la cultura occidental, que al choque con las manifestaciones autóctonas encontradas a su paso habría de modificarse y acusar más tarde su influencia. La educación de las generaciones que fueron naciendo lejos de los centros europeos se hacía, a la vez que ardua V complicada, más penosa por el hecho de no contar con herramientas mejores que la tradición oral y alguno que otro texto. El idioma acusó luego el impacto y su dinámica absorbió pronto vocablos que más tarde se le incorporarían definitivamente. El efecto que produjo el ámbito regional en los modos de expresión es algo innegable. Y si se puede observar fácilmente en la cosa externa, como lo es el modo de expresión, también se debe aceptar que su importancia llegó hasta lo expresado, es decir hasta el modo de pensar. Dos aspectos inmediatos aparecen esbozados desde ya, cuales son, las comunicaciones, dificultades en este caso, y su incidencia cultural. Con el tiempo se van creando nuevas formas de manifestarse, especialmente cuando se trata de una región alejada de la metrópolis, y por lo mismo expuesta a influencias más cercanas, en especial si éstas son poderosas.

La gran palanca que mantenía vivo y aun acrecentaba lo espiritual, incluyendo en esto la capacidad creadora, la sensibilidad y el goce estético, aparte de la religión, fue el arte, que se expresaba a través de libros, y más tarde revistas y compañías de teatro e intérpretes de música. Es así que se puede decir que hasta el siglo pasado fue el libro el principal vehículo transmisor de cultura, entendiendo por este concepto no sólo a las bellas artes, sino además todo lo que incide y se manifiesta en un modo de vida. Sin embargo, el campo de acción de los libros fue más bien restringido, por cuanto tampoco eran demasiadas las personas que sabían leer y escribir o estaban en condiciones de poseer grandes cantidades de libros. Pero de las pocas bibliotecas que existían se irradiaba suficiente fuerza como para mantener una actividad intelectual y espiritual que beneficiaba tanto al grupo humano que tenía acceso a ellas, como al medio donde lo transmitía.

Con el advenimiento del periodismo se dio un salto hacia adelante en cuanto a acercar los acontecimientos y corrientes de pensamiento. Desde sus comienzos se advirtió la enorme influencia que podría ejercer en los sucesos políticos, económicos y culturales del país. Se produjo de esta manera un verdadero florecer de la prensa y en el siglo XIX nacían y morían con pasmosa celeridad nuevos nombres de periódicos en nuestra capital y las principales ciudades del país. Sin embargo su impacto no llegó a cambiar el ritmo de vida, que continuó pausadamente.

Fue con la aparición de la radiotelefonía en el presente siglo que comenzó un proceso de aceleración de los acontecimientos. Curiosamente, también por este tiempo, en la década del veinte, se comenzaron a precipitar algunos procesos sociales y el libro de bolsillo hizo su aparición masiva. Recién en este momento es dable hablar de medios de comunicación masivos. Aunque por cierto todavía no podía alcanzar el significado que han llegado a tener en la actualidad, cuando otro avance tecnológico, la TV, ha hecho cambiar los modos de vida y por ende los patrones culturales de la sociedad.

El concepto de comunicación de masas, hoy tan corriente, sólo ha nacido en último término gracias a la tecnología, que ha permitido su desarrollo vertiginoso. Tanto la comunicación, como las masas, son conceptos que muy pocas personas deben haber incorporado a su vocabulario aún a comienzos de siglo. Pero en la actualidad tenemos el paradójico y limitador fenómeno que, para sobrevivir, muchos órganos de expresión oral o escrita y de TV deben rendirse ante los requerimientos del gusto masivo que es el que los sustenta.

A todas luces se advierte que el sistema de financiamiento de los medios de comunicación basado en el respaldo económico que le puede brindar el público hacia el cual están dirigidos, adolece de serias debilidades, por cuanto su labor formativa, que es adicional a su responsabilidad de informar y entretener, queda reducida muchas veces a un mero marcar el paso. Sin embargo, ya la sola selección de la noticia o la aceptación de un aviso publicitario, se están constituyendo en un factor cultural, por cuanto influyen, para bien o para mal, en la audiencia que las recibe. El error está en considerar que sólo aquello referido a las bellas artes, o filosofía o literatura constituye parte de la cultura, sin considerar que todo lo que habla de una manera de ser de un pueblo lo concierne. Si la TV se dedica a entregar no sólo los partidos de fútbol nacionales, sino además hace esfuerzos para informar acerca del desarrollo futbolístico de otros países, eso significa que existe un público interesado en ello y desde luego eso forma parte de un fenómeno cultural.

La pregunta que cabe hacerse de inmediato es hasta qué punto es lícito o conveniente ir detrás de las exigencias de la masa o si es responsabilidad de los medios de comunicación entregar elementos suficientes, por cierto que de un modo atractivo, como para contribuir a una elevación de los espíritus. Creo que este debate se va a ir haciendo cada vez más intenso, por cuanto la tendencia mundial es ofrecer cada vez menor cantidad de horas de trabajo a la semana y por lo tanto a tener una mayor cuota de tiempo libre que va a ser necesario llenar. Además en épocas de crisis, cuando la cesantía aumenta, los medios de comunicación de masas deberían asumir un rol formativo y de entretención elevada preponderante.

En la prensa y órganos de difusión regionales, esto cobra una fuerza mayor, por cuanto sus problemas y sus realidades son mucho más específicas y necesitan un concepto apropiado y diferente para encararlos. De una manera algo exagerada se podría casi comparar con la situación que se vivió a comienzos de la Conquista española, cuando el poder central no conocía de la verdadera situación en sus colonias, con la de las regiones actualmente en nuestro largo país. Eran ellas las que buscaban en definitiva la solución más adecuada, así como serán éstas las que, conociendo mejor sus posibilidades y limitaciones, subrayen y realcen lo que más les convenga.

Desafortunadamente estamos viviendo un momento crítico de la prensa regional, que amenaza seriamente su supervivencia. Es preciso detenerse a analizar un instante las consecuencias serias que esto acarrearía consigo en un momento que el futuro de la nación está exigiendo todos los aportes que se puedan hacer para una sana convivencia. Si se acallaran la voces, en ocasiones centenarias o cerca de serlo, de algunos medios de comunicación regionales, se habrá perdido gran parte de la posibilidad de conocernos mejor a nosotros mismos, por cuanto son ellos los que pulsan diariamente al acontecer espiritual y material de su zona. Son voces que tienen algo que decir y que merecen ser escuchadas, porque a cientos de kilómetros de distancia no se estará en condiciones de comprender a cabalidad lo que sucede en un determinado punto del país. Y la gama de intereses posibles puede ser muy amplia y abarcar desde lo antropológico hasta lo económico, lo social, económico y político, desde luego por lo educacional. La consecuencia sería que los medios de comunicación centralizados no estarían en condiciones de respaldar las necesidades de una determinada región, por cuanto sus puntos de vista serán obligadamente distantes, cumpliendo de este modo con una regla básica que aprende todo estudiante de periodismo, que se refiere al interés de una noticia directamente influenciado por la lejanía de ella.

Todo esto no sólo es válido para la prensa escrita, sino desde luego también para la TV que ya está llegando a los más apartados puntos del país. En este campo, sin embargo, la situación ofrece variaciones por cuanto el avance tecnológico es de tal magnitud que hoy cualquier persona dependiendo de su capacidad económica se encuentra en la situación potencial de ver y escuchar programas y noticias desde los más variados lugares del globo. Antes igualmente la revolución de los transistores hizo posible que en el corazón del desierto o en las alturas de las sierras, mientras se pastorea un rebaño, la comunicación se realice sin problemas. Por cierto que esta posibilidad, que en un primer momento se ve tan positiva y tentadora, lleva consigo un elemento negativo y perturbador. Porque si se acepta que cultura se refiere básicamente a modos de vida, entonces se estará de acuerdo en que la transmisión o captación de programas extranjeros, con otras mentalidades y costumbres, lleva consigo una enorme y casi inevitable influencia cultural. Hasta el golpe publicitario que en cada instante remece las conciencias, porque está concedido para ello, lleva un germen cultural, por cuanto induce a comportarse en determinada forma y circunstancia. Es preciso, para enfrentar esta perspectiva que se nos viene encima, reforzar mediante la educación las raíces de nuestra identidad. Con un conocimiento profundo de lo que hemos sido, que nos da la historia y lo que somos en este momento, que recibimos en gran parte gracias a los medios de comunicación de masas, podremos diseñar el camino que recorrerán las nuevas generaciones. Para ellas debemos hoy preocuparnos más seriamente de los contenidos de los medios periodísticos y de entretención, especialmente si, como ya se observa, en adelante se contará con mucho más tiempo libre. Es una gran y delicada tarea que toda la sociedad debe comprender y estimular si se quiere seguir por la senda del progreso. Porque en definitiva nada ni nadie nos sacará del subdesarrollo sino nosotros mismos. Para ello no serán los medios materiales los más importantes, sino las capacidades del pueblo, su cultura, su modo de ser, eso que ha aprendido en la escuela y que luego han reforzado y mejorado los medios de comunicación. La responsabilidad es indisimulable. Quienes todavía dudan acerca de ella, deberían detenerse a pensar e imaginar vividamente cómo era el mundo sin teléfonos, sin radio, sin televisión, sólo encerrados los hombres y mujeres en mundos mucho más estrechos, sin poder conocer al instante, en el momento mismo en que suceden, la noticias de cerca y de lejos. Como ya lo expresé, para bien o para mal esto es así y por lo mismo es necesario aceptar que los medios de comunicación de masas son vehículos transmisores de cultura que merecen una atención más reflexiva por parte de la sociedad. Que contribuyan al crecimiento interno de las personas que reciben su mensaje, que sean un factor de desarrollo individual y no una fuente de inspiración negativa como sucede en demasiadas oportunidades, con apologías a la violencia y la exacerbación de las pasiones.

Mucho se ha discutido sobre el efecto que produce la imagen violenta en el público, especialmente en los niños y adolescentes, más permeables a toda influencia. Parece ser que ya no quedan dudas acerca de su impacto y su responsabilidad en conductas posteriores. Psiquiatras y educadores han estado preocupados de este tema que vuelve una y otra vez al tapete. Pero un ejemplo bastará para situarnos en la magnitud del problema. No hace mucho se hizo en algunos colegios de Santiago el experimento de hacer escuchar música popular y música satánica a niñitas de educación básica, con el propósito de observar sus reacciones. Se les dijo que cerraran sus ojos y que a continuación escribieran las sensaciones que les provocaba la música. Con la primera se mantenían alegres y relajadas, pero con la segunda les sobrevenía una inquietud y miedo incontrolables y muchas llegaron al extremo de manifestar que les daban ganas de matar a alguien. Este resultado es grave y peligroso, si se considera que sólo se trataba de música. ¡Cuánta mayor será la influencia si va acompañada de imagen! Los canales de TV que incluyen desaprensivamente programas con este tipo de expresión tan extrema o con escenas de terror, de vulgaridad o violencia están contribuyendo a la mediocrización y achatamiento del público, degradando la calidad de vida, en lugar de entregar entretención y noticias que estimulen la superación de cada uno de los auditores.

Afortunadamente, en el último tiempo estamos presenciando el fenómeno esperanzador de la venta masiva de libros en los quioscos. A través de este sistema se están haciendo tirajes masivos de buena literatura, ciencia y tecnología que abrirán nuevos mundos a mucha gente, que trabajará con su imaginación. No hay que olvidar que la ciencia y la tecnología también forman parte de la cultura ya que inciden directamente en nuestro modo de vida. Gracias a los avances en medicina, ingeniería, etc. se nos han aliviado problemas ante los cuales sucumbían nuestros abuelos. Y ellas serán las que dominarán el siglo XXI, que se perfila arrullado por la canción del computador. Ellas, además, traspasan fronteras y se ponen al servicio del hombre, más allá de las convicciones que los separen. Desde este punto de vista son un factor de unión y armonía del cual se puede valer una sociedad para avanzar en el camino del desarrollo material y espiritual.

También los medios de comunicación de masas tienen aquí una labor importante que cumplir difundiendo la ciencia y tecnología, que por lo demás se están demostrando como más populares de lo que se intuía. Pero si no lo hacen, de todos modos no se les podrá negar su papel decisivo como vehículos culturales, aunque en algunos casos, afortunadamente los menos, lleven impreso el signo negativo.

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