Periodista UC Benjamín Labatut: “Escribir y vivir van de la mano”

La Antártica empieza aquí es el primer libro de Benjamín Labatut. El año 2009 ganó el Premio Caza de Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Tuvieron que pasar tres años para que Alfaguara la editara en Chile, país donde el autor vive desde su infancia.

Martes, 19 de junio de 2012

Por César Burotto Clement (www.kilometrocero.cl)

 

Labatut nunca pensó que terminaría su libro. El año 2008 falleció el poeta Samir Nazal, quien fue su maestro y quien le enseñó todo sobre literatura. Luego de eso escribió como un poseído, dormía mal y comía poco, pero terminó La Antártica empieza aquí en tres meses, luego de haber estado trabajando cuatro años.

 

Un periodista que se involucra en una misteriosa historia, un músico ciego y un futbolista que debe dedicarse a la prostitución son algunos de los personajes que dan forma al libro. Labatut tiene 32 años, estudió Periodismo en la Universidad Católica, pero hoy se dedica totalmente a escribir. Su primer libro es una serie de siete cuentos  que tratan acerca del dolor, la soledad y el sufrimiento humano. La obra fue publicada en Chile el 22 de marzo de 2012 por la editorial Alfaguara. Se trata de una nueva edición con cambios menores a la que ya circulaba por las librerías de México tres años antes.

 

—    ¿Hay algo de tu propia vida y experiencia en el libro? ¿Tus personajes tienen algo de real?

—    Hay mucho de mi vida y mucho más de las vidas de mis amigos, y aún más de ciertos autores que admiro, de películas y canciones que me fascinan y de algunas ideas que se te implantan en la cabeza y crecen como tumores. Escribir y vivir van de la mano, pero creo que tu pregunta está mal hecha, porque asume que la vida que se pasa a la escritura es sólo la biografía. Eso es fundamental, pero a un escritor le pasan muchas cosas adentro de su cabeza, que son tan parte de su vida como su primer polvo o la muerte de su mejor amigo. Lo único realista en un cuento deben ser las reacciones de los personajes, sus motivaciones y sentimientos, el resto es ficción. Las buenas historias no son realistas porque la realidad misma no es realista: es múltiple, mutante, indeterminada y volátil.

 

—    La soledad y el dolor son temáticas presentes en La Antártica empieza aquí. ¿Qué te llevó a ellas?

—    Lo más sincero sería decir mi soledad y mi dolor, pero eso suena extremadamente cursi, como todas las verdades personales. Sí creo que no se puede escribir ni ser consciente sin enfrentar esas dos realidades. Es como escribir sin hacer referencias al sexo, a la música, la amistad y el humor. Se puede, pero el resultado suele ser una mierda.

 

—    El año 2009 ganaste el Premio Caza de Letras con este libro. ¿Cómo viviste esa experiencia? ¿Ayudó para tu carrera haber sido el ganador?

—    El concurso no fue una influencia. El libro lo escribí entre los 24 y los 29 años, mientras que la competencia duró un mes y medio. Lo importante para mí fue la publicación, y tal vez el hecho de que fue la primera vez que expuse mis cuentos a un público, por pequeño que haya sido. Los premios le importan más a las editoriales y a ciertos malos lectores, que a los autores. Yo evito comprar libros premiados, es una buena regla para no perder la plata.

 

—    ¿Cuál es la razón de lanzar este año una nueva edición de La Antártica empieza aquí?

—    Yo había intentando publicarlo en Chile, pero no es fácil publicar cuentos. En realidad es prácticamente imposible.

 

—    ¿Por qué crees eso?

—    La respuesta económica que me han dado las editoriales es que no se venden, que los chilenos sólo quieren comprar novelas. Yo creo que es más complejo que eso: un libro de cuentos exige un lector diferente que una novela, uno más atento y comprometido, ya que cada tantas páginas tiene que cambiar de narrador, tema, tono, personajes y trama. No existe la flojera, agradable flojera, de poder perderse en la novela y leer distraído. En una novela uno puede leer varias páginas sin prestar atención y es poco lo que se pierde, mientras que en un cuento cada línea es importante. Tienen una intensidad y una densidad mayor y creo que en parte por eso les gustan mucho a los escritores y a los buenos lectores.

 

—    ¿De qué forma tu preparación como periodista te ayuda a la hora de escribir?

—    Yo no soy periodista. Dejé de serlo incluso antes de terminar la universidad. Los últimos años me dediqué a leer y a tratar de convertirme en escritor, lo que para mi significaba dejar de ir a clases y perder el tiempo haciendo otras cosas. Trabajé brevemente como periodista y fue una de las peores experiencias de mi vida, en parte porque mi jefe era un pelotudo, y en parte porque yo me daba demasiada importancia.

 

La escritura empieza aquí

—    ¿Te gusta el proceso de escribir, lo disfrutas?

—    Pocaso. La escritura sólo se disfruta realmente cuando es inconsciente, cuando te sale de tan adentro o afuera de la conciencia que lo haces sin pensar, sin planear y fuera de todo control. Eso ocurre poco, el resto del tiempo es sudor y rechinar de dientes. Lo que más se hace cuando se escribe es no-escribir, tratar de invocar ese estado de gracia de cualquier forma posible. Ahí es dónde radica el valor de ser escritor, en el doble sentido de esa frase: valor porque requiere de valentía y valor como resultado. Básicamente, es la actitud de los científicos, como Marie Curie: sales en busca de algo que no existe salvo en teoría, detectas una señal minúscula, la radiación de una partícula elemental. Has sacrificado tu vida en el intento.

 

—    ¿Cuáles son tus próximos desafíos? ¿Estás trabajando en algo en este momento?

—    Trabajo en un segundo libro de cuentos y en mi primera novela, sobre las múltiples vidas de mi maestro Samir y la enorme cantidad de personas que marcó para siempre.

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