La nostalgia y la pérdida, elementos permanentes en la obra de Ricardo Larraín

18 de Abril, 2016 · Señal UC

El programa Viernes de Medios dedicó un capítulo a la obra del recientemente fallecido cineasta Ricardo Larraín, quien fuera exalumno y profesor de la Universidad.

Por María José Navarrete

Guillermo Bravo, su “heredero”, y Gloria Laso, su “musa”, fueron los invitados al Viernes de Medios en el que se rindió un homenaje a Ricardo Larraín, el cineasta chileno que falleció en marzo último.  Ambos conversaron con el profesor Fernando Acuña sobre el legado y la obra de quien fuera nuestro profesor y también alumno de la Escuela de Artes de la Comunicación, la antecesora de la Facultad de Comunicaciones.

Los invitados coincidieron en que lo que se repite en las obras de Ricardo Larraín es la nostalgia y la pérdida, elementos que están presentes en prácticamente todas sus obras. En 1982, Ricardo Larraín grabó su primer cortometraje, “La hora del sereno”; en el 83, su mediometraje “Rogelio Segundo”, con el que obtuvo el premio del Festival Latinoamericano de Televisión Universitaria; en el 89 filmó “Dime cómo bailas y te diré quién eres”, basado en un concurso de televisión, año en el que también participó en la franja del No. En el 91 realizó “La Frontera”, considerada por muchos como su obra maestra, y que obtuvo en 1991 el Premio Goya a la mejor película extranjera de habla hispana.

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Guillermo Blanco y Gloria Laso hablaron sobre el legado de Ricardo Larraín, en Viernes de Medios.

El profesor Fernando Acuña quien trabajó también con Larraín comentó en Viernes de Medios que nunca había escuchado un aplauso tan largo como el del estreno de La Frontera en el festival de cine de Viña del Mar. “Parábamos a ratos a descansar porque uno tenía que masajearse los brazos y las manos para volver a aplaudir. Esa película era la que Chile necesitaba”; del film, el profesor Acuña destaca las metáforas audiovisuales y narrativas que la historia retrataba. Gloria Laso, la protagonista de la cinta estaba en la platea baja: “No sabíamos cómo iba a reaccionar la gente. Pero la gente se paraba y aplaudía. Por la forma del teatro, donde uno mirara había gente aplaudiendo”, recordó.

Guillermo Bravo, quien actualmente dirige la Escuela de Cine de la Universidad Mayor, lo considera un hermano. Le parece raro que no esté con él, ya que trabajaron juntos durante 25 años y forjaron una amistad muy grande. “Hacer cine significa viajar buscando locaciones, pasar muchos días grabando juntos, dormir en una pieza de hotel grande, de uno chico o de hostal. Y en las horas que uno no filma se conversa de la vida. Inevitablemente esa amistad se transforma en hermandad”, dijo el cineasta.

Para Bravo, el cine chileno necesitaba de La Frontera desde un punto de vista temático, pero también, Ricardo Larraín se obsesionó con la técnica. A su juicio, las películas chilenas tenían muy mala fama en ese aspecto, por lo que se trabajó con un equipo experto en publicidad. Se preocuparon mucho del sonido y la imagen.

Gloria Laso destacó que todos en el equipo de la película tenían menos de 30 años. Ninguno había hecho cine y fue un gran salto: “Todos estaban en el proyecto de su vida. Había una energía muy potente en el equipo, de trabajar con todas las ganas. Y eso se refleja en el resultado”, afirmó la actriz.

Guillermo Bravo conocía su obsesión por la puesta en escena, es decir, hacer visible lo invisible. Mencionó una anécdota respecto a la escena de la balsa, la que estaba escrita para hacerla en un día nublado y ese día salió el sol. Tuvieron que hacer focos de humo de diferentes partes con fogatas para conseguir ese efecto. El equipo era tan cohesionado que sus integrantes tomaban funciones que no les correspondían.

Algo que recuerda Gloria Laso es su calidad trabajando con los actores. Se juntaba el día antes de grabar una escena con ellos y les mostraba los planos que usaría, preguntaba opiniones. Eso ayudaba también a saber cómo actuar y dar confianza al actor.

Otra de las obras premiadas de Ricardo Larraín fue el documental sobre la vida del cardenal Raúl Silva Henríquez. Según se mencionó en Viernes de Medios, allí trabajó cambiando el encuadre de las entrevistas, le dio mucha importancia al contexto y al fondo del entrevistado. También otro elemento que se destaca es la presencia del mar, como una imagen de potencia pero también de calma.

Dirigir su muerte

Guillermo Bravo cree que parte de la creatividad de Larraín se encuentra en haber sido un niño muy solo, algo que se ve reflejado en la miniserie “El niño rojo”, en “Rogelio Segundo” y en “El entusiasmo”. Para Larraín, hacer La Frontera fue una forma de saldar una deuda con sus padres, con su historia.  Según Bravo, en la serie “Héroes” fue una casualidad que le tocase Bernardo O’Higgins, y durante la investigación se dio cuenta de que -en ambos- había vacíos en la historia de un niño sin padre, tanto que tenía como proyecto realizar una trilogía.

El director dejó instrucciones exactas de cómo debía ser ejecutado su funeral. Según sus cercanos, Ricardo Larraín dirigió la escena que sería la última que mirase, lo que para su hija fue una fundamental: les enseñó a vivir y también a morir. Su última canción en el cementerio fue La Cigarra.

Ricardo Larraín se graduó de director artístico mención en cine en la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica, la antecesora de la Facultad de Comunicaciones, donde fue profesor de Periodismo y de Audiovisual entre los años 1987 y el 2004.