La fotografía de Juan Domingo Marinello

6 de Septiembre, 2013 · Sin categoría

No es un arte ni una técnica, es simplemente lenguaje, dice este profesor de la Facultad de Comunicaciones que ha trabajado por más de 30 años en la institución, en los cuales ha contribuido al periodismo mirando por el visor de la cámara fotográfica.

 

Son treinta, y quizá más de cincuenta años. Juan Domingo Marinello tiene una larga historia dentro de la Facultad de Comunicaciones UC. Alumno de periodismo, ayudante y luego profesor. Durante su vida docente ha cultivado el lenguaje visual como forma de entender la fotografía, sacándola del ámbito del arte, como es comúnmente vista.
Hoy está pensando en cómo será su retiro y el examen más importante dentro de su carrera docente será comprobar su contribución a la mirada de la fotografía, como forma de entrega de información periodística.

Juan Domingo, ¿Cuándo comienza la historia dentro de la Universidad Católica?
Yo comienzo en la universidad el año 67 a estudiar periodismo, si no me equivoco, y de ahí no me he ido más ¿Por qué? Primero como estudiante y después como ayudante de fotografía de Juan Enrique Lira (Premio Nacional de Periodismo 1987, mención fotografía). Entonces yo trabajaba en El Mercurio y hacía ayudantía acá, y me fui quedando siempre acá, haciendo clases. Uno actúa por descarte y ciertamente hacia fotografía antes, en el colegio. Me cargaba escribir a máquina y, probablemente, por ser hijo de funcionario del Estado en Impuestos Internos, no me veía como mi papá, metido en una oficina.
Y dentro del periodismo, una cosa muy rara era la oferta de fotografía. En ese tiempo otorgaba unas becas muy buenas en El Mercurio y postulé a la beca, pero como reportero gráfico. Me costó, porque al principio había una suerte de desconfianza de los reporteros gráficos avezados respecto a estos cabros que llegaban usando fotómetro. De ahí, Julio Lanzarotti me llamó para la revista El Domingo, por lo que fui, de alguna manera, fotógrafo fundador de la revista. Además, trabajé para una agencia de afuera, fui corresponsal para una revista, trabajé en revista Eva... y un día, Juan Enrique Lira, yo era asistente de él, le tenía mucha estima, me dijo "mire, yo no voy nunca a clases, ¿por qué no toma usted los cursos?", y ahí fue oficialmente, ya en el año 76, que me convertí en profesor de Fotoperiodismo y de ahí no me fui más. Ciertamente, en ese tiempo, la Universidad tenía la beatífica idea de pagar con bonos para el purgatorio, qué quiere decir esto, los sueldos eran muy chicos y uno trabajaba afuera también. Era bien visto. Seguí trabajando en fotografía para afuera, después ingresé a Taller Uno, fui jefe de Taller Uno y entre medio, viajes...


¿Por qué decidió dedicarse definitivamente a la docencia y al área académica?
Por dos razones fundamentales. Una, me gustaba la docencia. Dos, me permitía actualizar, porque evidentemente hacer clases es una responsabilidad y de no ser así te quedabas vegetando como un reportero gráfico, que era muy apasionante porque uno nunca sabía lo que iba a pasar ese día, y eso me gustaba mucho.
¿Qué pasaba en ese tiempo de los años 80?
En la universidad, el rector que era don Jorge Swett, tuvo la buena idea de dejar la universidad en manos de Hernán Larraín, que ciertamente era de derecha, pero con una mentalidad mucho más abierta y uno era dueño de su cátedra. Y siendo dueño de la cátedra, uno podía conversar con los alumnos. Entonces no te digo que me sentí cómodo, porque Campus Oriente fue una época fregada, con bombas lacrimógenas, se tomaron el campus, a cada rato salíamos a negociar con los carabineros para que no se llevaran a los alumnos.


¿Qué cosas recuerda de su paso por esta Escuela de Periodismo y por la Facultad de Comunicaciones?
Imagínate, voy a cumplir oficialmente 38 años, extraoficialmente más de 50, y siempre hubo experiencias interesantes. Recuerdo con mucho cariño el Teleduc, que se emitió durante 8 años, me gustaba mucho y trabajábamos junto a la Teresa Matte. Hicimos películas, una sobre la Isla de Pascua, otra sobre el salitre. El interés que los directores y directoras fueron mostrando por el área audiovisual que también fue interesante. Muchos alumnos, la cátedra era abierta, entonces incluso venían de afuera a escuchar las clases. Uno que otro viaje, conocer a mucha gente interesante, y algunos dolores y penas también...


Respecto al Fotoperiodismo, ¿cómo cree usted que ha evolucionado en la UC?
Si bien hay un montón de ramos que tocan la fotografía periodística, creo que debiera ser más. Yo creo que está pendiente entender que la fotografía es un lenguaje, con todas sus implicancias: la fotografía puede mentir, la fotografía tiene ética. Entonces uno ve internet y al día se suben más de 100 millones de fotos, mucho más que textos. Creo que en el fondo me faltó un cacho para convencer que la fotografía es un lenguaje y no un arte o una técnica. Tuve la expectativa de que Dirección Audiovisual hubiese querido mostrar con más fuerza sus bases, pero bueno, no fue así. Pero nunca fue mal considerada gracias a Dios, pero sí fue ignorada en mucho tiempo. Y aunque la escuela ha formado a algunos fotógrafos interesantes, podría haber hecho más...


¿Usted ha evaluado el tema de su retiro de la docencia?
Sí claro, yo creo que la docencia hace diez años se volvió muy compleja, porque te cambian el piso a cada rato, sobre todo en fotografía y eso genera un cierto cansancio, por lo menos en la parte técnica uno tiene que mantenerse al día. Creo que aquí en periodismo debiera haber ramos que fortalecieran observación y fotografía podría ser uno de ellos, yo trato de hacerlo. Pero también hoy en día, en los últimos cursos que estoy haciendo, recibo mucha gente de medicina, enfermería, derecho e ingeniería y mis alumnos de esta facultad son pocos. Sin embargo, lo que hago me gusta mucho, sobre todo contar historias de fotografía, eso es un pretexto fantástico para hablar del lenguaje.
Tengo algunos planes, entre ellos volver a la electrónica, que fue la pasión de mi vida durante mucho tiempo, juguete para los nietos, y espero me mantengan uno o dos cursos para seguir viniendo, para no dejar tan rápida la docencia, en la cual he estado toda mi vida.