John Müller: “Nuestro cerebro está muy condicionado por las tecnologías que utilizamos”

En el segundo día del encuentro de Móviles y Redes en la Facultad, la apertura estuvo a cargo del director adjunto del diario El Español, con su charla “la tecnología no es inocente: las redes como cárcel digital”.

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Por Rocío Cano Muñoz

Con un ejemplo basado en el siglo primero, el actual director adjunto de El Español, quien tuvo el mismo cargo en el diario El Mundo en España y actualmente colabora con El Mercurio, explicó cómo es que la tecnología no es inocente: “Una tecnología que parecía inocente como el estribo, y que iba a tener otra utilidad, acabó siendo crucial en algún momento. Lo mismo pasa con la tecnología de la imprenta, impuso una manera lineal, secuencial, alfabética de cifrar lo escrito”.

Müller añadió que nuestro cerebro está condicionado por las tecnologías que utilizamos, y que, en el caso de la imprenta, se han producido en España tres tsunamis sobre el periodismo alfabético que nació con ella.  “Primero, hay una primera etapa que es la “comoditización” de la información, favorecida por el volcado gratuito en la red que los mismos periódicos de papel o las mismas organizaciones informativas hemos ido haciendo a lo largo del tiempo. Hay aquí una especie de suicido colectivo donde se decidió que los contenidos que antes eran de pago en un determinado soporte pasaron a estar disponibles en la red”, profundizó Müller, quien mencionó luego la desarticulación de las leyes y códigos del periodismo impreso por parte de buscadores y agregadores: “Los agregadores y buscadores desarticulan leyes y códigos del periodismo tradicional. Los periodistas perdemos el control de una serie de cosas, antes se leía de izquierda a derecha, de arriba abajo, sabíamos dónde estaban los tres puntos de atención de la página en donde había que colocar los elementos gráficos, teníamos un montón de estrategias y trucos que los periodistas profesionales conocíamos para atraer la atención del lector a nuestros periódicos, todo eso desapareció. Ahora buscas en Google como antes buscabas en Alta Vista, Yahoo, donde fuera, y te llega, y no sabes si esa información estaba a cuatro columnas o estaba a una columna en un breve o qué… el periodista pierde el control de la manera de presentación secuencial, pierde el control del todo de enseñanza de sus informaciones”.

El tercer y último punto de Müller se basó en la pérdida del poder de prescripción del periodismo. “Esto se ve en dos aspectos: primero, la gente en redes sociales. Ya no es el periodista el que decide qué tiene que leer la gente, sino que son las redes sociales las que dicen “oye, este artículo hay que mirarlo”, y lo twittean o lo ponen en Facebook y tiene muchos likes, o no tiene muchos likes…”, analizó el expositor, quien dice que ahí se ha perdido el poder que antes tenían los periodistas de decir cuáles eran las noticias que la audiencia tenía que saber. “Hoy eso no ocurre, ya no existe ese monopolio, hoy todas las personas tienen acceso a los contenidos que están desestructurados en la red y desordenados y que ya no se pueden acceder de izquierda a derecha, de arriba abajo. Yo creo que eso está provocando una serie de fenómenos interesantes, las Fake News, la postverdad, está provocando un duopolio en los ingresos publicitarios por parte de dos grandes compañías, etcétera”, dice Müller.

El director adjunto de El Español también ahondó en los requerimientos hacia los periodistas: “Yo siempre digo que a los periodistas se nos piden demasiadas cosas, y entre otras cosas se nos pide ser innovadores disruptivos. Hay un momento en torno al año 2000 en que todos los ejecutivos miran las redacciones y dicen: “Qué vamos a hacer, dónde está el nuevo modelo de negocio””, analizó Müller, quien explicó que los periodistas son creativos con los contenidos, pero que el pensar que en las redacciones se iba a generar nuevos modelos de negocio, le parece una exageración.

A lo largo de su presentación, John Müller también se basó en frases del autor Surcoreano Byung Chul Han, quien dice que la libertad del poder hacer genera más coacciones que el disciplinario deber. “La libertad que hoy nos permite la tecnología de poder hacer miles de cosas y que además nos gustan, dice Byung Chul Han, produce una coacción todavía peor que lo que nos decían antes cuando el profesor nos mandaba a hacer los deberes. Al final aquello tenía sus límites, como no te importaba, pero te lo había mandado otro, a lo mejor lo hacías mal o no lo hacías tan bien como habías querido. Hoy no, hoy como además nos gusta Facebook, Twitter y las redes sociales, estamos volcados y tratamos de que nuestros contenidos sean atractivos, que conquisten la mayor cantidad de likes”.

Además, Müller rescató otros postulados de Chul Han, como el que dice que “la sociedad del control digital hace un uso intensivo de la libertad, pero al mismo tiempo es una ficción de libertad. La libertad y las comunicaciones ilimitadas, se convierten en control y vigilancias totales”. Y otro que analiza la transparencia: “Nos desnudamos en las redes sociales y nos parece que la transparencia ilumina, cuando en realidad  Byung Chul Han dice que la transparencia no ilumina nada, enceguece. Al final la transparencia solo sirve para convertir a los políticos en motivo de escándalo, y eso lo que hace es cegar, convierte a la democracia en una democracia de espectadores, no de participantes. Él dice, el big brother digital, traspasa su trabajo a los reclusos”, concluyó Müller.

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