En la disposición a la autocensura influye el contexto político en el que se crece

27 de Julio, 2015 · Facultad

El profesor Sebastián Valenzuela participó en una investigación sobre la opinión pública en Chile desde una perspectiva generacional, motivada por el interés de analizar el fenómeno de la autocensura.

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Por Gabriela Campillo F.

Presentada este año en la 68ª Conferencia Anual WAPOR en Buenos Aires, Argentina, la investigación fue realizada por el profesor de la Facultad de Comunicaciones UC Sebastián Valenzuela junto a Nicole Etchegaray y Andrés Scherman, ambos de la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales.

La idea original estuvo motivada por el interés en estudiar el fenómeno de la autocensura,  que fue el punto de partida para la investigación que unió a las dos casas de estudio. Sobre ese concepto inicial, el profesor Sebastián Valenzuela explicó: “El término se desarrolló hace unos 10 años, y tiene que ver con que hay un rasgo de la personalidad que está asociado a cuándo la gente está dispuesta a opinar cuando percibe que el entorno es hostil a su opinión personal”.  A lo que agregó: “Siempre se ha estudiado mucho qué hace que las personas hablen o no hablen de política con gente que opina distinto, asumiendo que normalmente hablar con gente que opina distinto es un poco incómodo”.

A través de una encuesta representativa,  el paper de los académicos tiene sus bases en la teoría democrática y la comunicación política, que resalta la importancia de que los ciudadanos deliberen e intercambien sus puntos de vista. “Por eso es importante estudiar este fenómeno, sobre qué tan dispuestas están las personas a expresar sus puntos de vista cuando creen que otra gente opina distinto”, sostuvo Valenzuela.

Con una vasta literatura ya existente sobre la opinión pública y la crianza en el hogar, en la escuela o relacionada a los rasgos innatos de la personalidad, los académicos advirtieron otra variable: el contexto histórico y político. Con ese nuevo foco, la tarea fue principalmente comparar generaciones. Así, Chile parecía el caso perfecto. “Chile es un caso de laboratorio muy bueno para estudiar el impacto de los contextos culturales o los contextos políticos específicos, porque ha vivido en los últimos 40 años contextos de polarización, represión, transición y madurez democrática”, argumentó el profesor Valenzuela.  Agregó que esos contextos políticos son los que se asocian a que la gente tenga iniciativa, o no, e interés por expresarse.

Otro concepto clave en esta investigación es la hipótesis de los años impresionables, que se refiere al período entre los 18 y los 25 años. Diversos estudios han descubierto que esta etapa es fundamental en la vida política de las personas, dependiendo de cómo fue su contexto histórico en ese tramo de su existencia. Esto fue lo que le permitió a los académicos separar las generaciones para su posterior comparación, basándose en qué época de la historia de Chile los encuestados tenían ese rango etario.

En relación a la división de la historia reciente del país en cuatro etapas, Sebastián Valenzuela afirmó: “Consideramos la dictadura dividida en dos períodos: una época más represiva y otra más bien contestataria. El período democrático lo separamos en la transición y la época de maduración democrática”. Sobre las principales conclusiones en torno a estas épocas, el académico afirmó: “A pesar que dictadura y democracia son conceptos opuestos, la época de la transición en Chile, por distintas causas, es similar a la primera época de la dictadura en términos del rechazo al disenso y al intercambio de opiniones”. Por el contrario, en la época contestataria del régimen y entre 2001 y 2011, según explicó Valenzuela, existe un mayor incentivo cultural a contestar, como lo refleja el resurgimiento de las protestas. “La gente que se crió en esos periodos debiera estar comparativamente más dispuesta a desarrollar un gusto por no tener tanto miedo a enfrentarse a quien opina distinto”, enfatizó el profesor. Explicó además que, independiente del sistema político específico de turno, en ambientes dictatoriales se puede estar más dispuesto a expresar un disenso, mientras que en ambientes formalmente democráticos a veces puede costar más.

Pero estas conclusiones no se quedan solo en la teoría: también tienen relación directa con la vida de los investigadores. “Los datos estadísticos los relacionábamos con nuestra propia experiencia y hacíamos el contrapunto de la generación que está ahora en la universidad, que es muy movilizada, frente a cuando nosotros estábamos en la universidad en los años noventa, y era muy distinto”, recordó Sebastián Valenzuela. Finalmente, agregó: “Nos parece que es un hallazgo interesante no solo del punto de vista académico, sino también del personal”.