El ensamblaje detrás de la película Violeta se fue a los cielos

22 de Noviembre, 2011 · Sin categoría

La montajista y profesora UC, Andrea Chignoli, explica la particularidad de la estructura dramática que sostuvo la exitosa película de Andrés Wood.

Primeros minutos de la película: un ojo con la vista desviada que oscila a la par de distintos sonidos en off. Una escena que se repite al final de la historia y cuyo sentido se explica solamente a través de mensajes tácitos que no todos los espectadores logran descifrar.

 

Esto es el comienzo de un tejido dramático complejo que rompe con la estructura lineal de las historias, muchas veces vistas en pantalla grande. Fue la decisión de la profesora UC y montajista de la obra, Andrea Chignoli, junto al director de la película, Andrés Wood.

 

Para Andrea, la idea inicial del montaje era “mostrar una historia real a través de fragmentos separados”. Es por ello que, a lo largo del film, se ven distintas etapas de la trayectoria de Violeta Parra intervenidas  por el último momento de su vida. Según Chignoli, “la mezcla de estas escenas refleja el recuerdo que inicia antes de quitarse la vida”.



Los Flash-back que hilan el trabajo de la montajista y profesora UC ensamblan la historia por medio de cinco líneas dramáticas. La primera retrata la agonía de Violeta antes de su suicidio. Es interpretada por su ojo con la vista perdida, reflejando gran emocionalidad en su mirada. “Esta etapa actúa como presente diegético de la obra, (desarrollo narrativo de los hechos) donde ella recuerda su vida, rodeándose de fantasmas que enfatizan lo agónico de su último momento”, afirma Andrea Chignoli.

 

La segunda, refiere a la obra de la artista donde se muestra su trabajo musical (recopilación y creación) y obra artística, destacando su exposición en el Museo del Louvre, Francia.

 

La tercera, rescata los momentos vitales de Violeta como su relación con su primer esposo, el nacimiento y la muerte de su tercer hijo, más su viaje a Polonia. A la vez, indaga su vida amorosa, bajo la sufrida relación que tuvo con Gilbert Favre.  “Esta parte intensifica la tendencia más real de la película. A diferencia de las restantes, se basó en una estructura lineal a fin de hacerlo más lógico y entendible”, asegura la montajista.

 

La cuarta corresponde a una entrevista dada para un medio de televisión argentino. “Aquí se trabajó junto a una co-producción argentina, donde contamos con la actuación de Luis Machín, como el periodista. También, se personificó a la modelo del programa, la cual tuvo una relación amistosa con Violeta. Sin embargo, para la película, se decidió omitir dicha amistad”.

La última línea dramática de la historia hace mención a una de las piezas musicales más importantes de su trayectoria: El Gavilán. Para la montajista, “esta composición corresponde a uno de los trabajos más complejos y exitosos técnicamente, según la opinión de musicólogos que trabajaron en el film”.

 

Por medio de estas cinco piezas dramáticas, la película logra emocionar a través de un presente intervenido recurrentemente por su pasado. Andrea Chignoli afirma que la anacronía elegida en la estructura de la película “es propia del cine contemporáneo, el cual asume al espectador como activo, sabiendo que éste se sentirá más involucrado si participa en la resolución de la historia contada”.

 

En forma paralela a la película, el proyecto basado en Violeta Parra incluye otro trabajo al mando de Wood. Próximamente se emitirá por Chilevisión, una serie que mostrará más episodios de la trayectoria de la artista, parte de los cuales fueron omitidos en el montaje para pantalla grande. La explicación final la da Andrea Chignoli: “En la serie la realización fue distinta. Se decidió por un relato más lineal y menos interventor que el desarrollado en la película”.