El dilema y los límites del Periodismo encubierto

El Magíster en Periodismo Escrito, MPE, de la Facultad organizó un encuentro destinado a analizar dos formas muy polémicas de ejercer la profesión. El objetivo del encuentro fue discutir respecto a la legitimidad del llamado Periodismo en primera persona y del Periodismo encubierto.

Por Teresa Moreno

Profesionales del rubro y académicos de nuestro Magíster en Periodismo Escrito, MPE), se reunieron para exponer y conversar los límites y los principios éticos de la profesión, luego de la inquietud planteada por sus alumnos en orden a generar un espacio de debate respecto al Periodismo en primera persona y al Periodismo encubierto. Los expositores fueron María Elena Gronemeyer, profesora de Ética de las Comunicaciones UC; Álvaro Fernández, subdirector de El Mercurio y profesor de Legislación de las Comunicaciones del MPE; Gazi Jalil, editor de la revista “Sábado”; y Andrew Chernin, periodista del mismo medio. La mayoría de los expositores concordó en que el Periodismo en primera persona y el Periodismo encubierto, si bien no se deben rechazar por completo, tienen que ser extremadamente justificados.

Fue a finales del siglo XIX cuando Nelly Bly se internó en un psiquiátrico de Estados Unidos ocultando su identidad de periodista. Fue así como reveló las injusticias que ocurrían dentro de estos recintos. Desde entonces, se le conoce como la pionera del Periodismo encubierto. ¿Es lícito este tipo de reporteo? ¿Es ético?, fueron algunas de las preguntas que se discutieron en el coloquio realizado en la Casa Central.

Respecto a esta práctica de infiltración, la profesora María Elena Gronemeyer recalcó que “traiciona la libertad” de las personas en su decisión de participar o no del producto periodístico. También fue enfática en señalar que “sin decir nunca, aquí la excepcionalidad es aún mucho mayor”, puesto que se da en aquellos casos en donde el periodista no pueda acceder de otra manera a la información y esta sea de una “relevancia sustancial” para proteger otros derechos que puedan estar en riesgo. La académica, experta en ética periodística, dijo que “no deja de ser un mal, aunque sea menor”. En la misma línea continuó Álvaro Fernández, subdirector de El Mercurio, quien aclaró las implicancias legales que conllevan estas prácticas, dentro de las que pueden caber delitos contra el honor y la vida privada de las personas. Explicó también que las irregularidades más usuales en estos casos, se dan en la obtención de la información, por ejemplo, con cámaras ocultas. “El interés público por sí mismo, no justifica la violación a la intimidad”, opinó el abogado UC.

“Mi primer test de VIH (A los 32 años)” y “Mi ciervo y yo”, son algunos de los recientes reportajes que se han publicado como Periodismo en primera persona en la revista “Sábado” de El Mercurio. Estos fueron expuestos por sus propios autores, Andrew Chernin y Gazi Jalil, respectivamente. “Ha sido una aproximación distinta”, dijo Jalil, sin embargo, reconoció que “es una trampa mortal” y que debería ser uno de los “últimos de los pasos” como periodista. La profesora María Elena Gronemeyer manifestó que cuando el comunicador decide no buscar a las personas que puedan dar testimonio, se genera una “desconfianza”. Sostuvo que el periodista es “un servidor que da voz a otros” y que es muy importante dar una señal de que “nosotros sí confiamos en las fuentes”.

Luego de la exposición de cada invitado, la conversación se abrió a las personas asistentes y estudiantes, quienes, también, participaron con opiniones y preguntas.