Eficiencia y Recontrucción / Paulina Gómez - Abril 2010
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Facultad de Comunicaciones, Abril 2010
Por Paulina Gómez Lorenzini
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Si bien hay que ser justos en señalar que la eficiencia es un atributo que aparece persistentemente destacado a la base de las decisiones gubernamentales, su calidad de valor es a lo menos discutible considerando su baja densidad simbólica y capacidad para animar y movilizar a una población. Creo que son muy pocas las personas que estarían dispuestas a entregar su vida a promover la eficiencia y muchas menos las que entregarían una uña a fin de defenderla.
Esta desafección es consecuencia directa del hecho que la eficiencia constituya un atributo de segundo grado; su vínculo es con el hacer y no con el ser de las sociedades. La eficiencia no construye comunidad ni vuelve trascendente por si misma a la acción; no es un valor fundamental ni tampoco un derecho. Por ello no podemos demandarle que desate pasiones ni tampoco que calme las profundas inseguridades y los miedos que experimenta una población afectada por pérdidas significativas.
Promover y dar sentido a la esperanza, alentar y congregar voluntades en torno a ella, implica desplegar una memoria nacional de futuro, contraparte de aquella memoria histórica de país que nos convierte precisamente en comunidad hermanada, co-solidaria frente a las alegrías y las desgracias. Y para lograr serlo en momentos trascendentes como los actuales, todo proyecto requiere convocar elementos de similar densidad y fuerza a aquellos que nos mueven a celebrar este año el bicentenario.
Si se busca comprometer racional y afectivamente a los chilenos en la tarea de la reconstrucción, bien vale la pena detenerse unos minutos en esclarecer el proyecto y en revelar - si no encontrarle- ese sentido que las cifras y la búsqueda de la eficiencia hasta ahora opacan.






